martes, 5 de abril de 2016

27.-LOSADA COMERCIAL


                                                  Tavistock  Square



El anuncio dice asì:
      
José Losada,  fabricante relojero establecido en Londres
en la casa  núm.  20  de la calle de  Woburn  Buildings Tavis-
tock  Square,  avisa al público que  recibe comisiones de relo-
jeros,  plateros,  maquinistas,  dentistas  y  otros ramos. Tiene
un surtido de relojes de bolsillo, mesa,  joyería,  etc. De todos
autores,  calidades y   precios,  de lo  que  puede suplir a cual-
quiera   que  lo  honre  con sus órdenes;  en la inteligencia que
tomados por él en   Londres  de cualquier autor que  el que or-
dene   prefiera,   hallará  una  ventaja de un  25   por  100.   En
cualquiera  clase de maquinaria  o  herramientas puede con se-
guridad ofrecer las mismas ventajas por los conocimientos que
tiene en los artículos citados.

En este momento parece que Losada además de fabricar relojes se considera representante de otros fabricantes y no solo de relojes sino también en maquinaria y herramientas para dentistas, maquinistas,... 
Como español bien situado en Londres, Losada ofrece a los profesionales españoles materiales que se fabrican en Inglaterra y que él les puede hacer llegar, dice además que con un importante descuento. Algunos autores han querido deducir de este anuncio que Losada era un mero comisionista de otros fabricantes, pero queda claro que lo primero que dice en el anuncio es "fabricante relojero establecido en Londres". Lo que sin embargo ocurre, es que su integración en la industria inglesa es tal que le hace embajador de otros fabricantes ingleses que desean establecer relaciones comerciales con Madrid y que aprovechen ellos y él el viaje de Losada a Madrid para comerciar. 
No debería de ser fácil establecer relaciones comerciales, dada la distancia, la dificultad de las comunicaciones, el idioma, etc. Así que Losada era el representante idóneo: conocía el comercio inglés, el idioma inglés y español, estaba bien relacionado en Madrid,...


  





sábado, 2 de abril de 2016

26.- PUDO SER ASÍ

1928 HUIDA 

¿Por qué Londres?
Según Benito Pérez Galdós desde 1824 se produce la gloriosa y fecunda emigración. En Londres se junta una gran cantidad de españoles que huyen de la represión de Fernando VII y que allí organizan "El Comité de Ayuda a los Emigrantes". El gobierno inglés ve con simpatía a los emigrados españoles y promueve ayudas para ellos, con lo que logran una importante organización que gestiona y ayuda a los que lo necesitan.
Nada extraño pues, que Losada encaminara sus pasos a esta ciudad, es posible, casi seguro, que tuviera allí conocidos y amigos. Él pertenecía al ejército junto con muchos otros que fueron perseguidos y seguramente, los que pudieron escapar de España, acabarían en Londres amparados por el citado Comité.
También en apoyo de nuestra teoría "que Losada inició su aprendizaje de relojero en Ponferrada", vemos que en Londres entra a trabajar en una relojería y no en otro negocio. Esto no fue al azar. Sus amigos del Comité de Ayuda a los Emigrantes y por que Losada así lo desea, le buscan ese trabajo, seguramente en un puesto ínfimo (limpieza de la tienda), pero lo que quería estaba conseguido, ahora ya demostraría él que conocía el oficio y con suerte alcanzaría un puesto como relojero.

PRIMEROS AÑOS EN LONDRES

Estamos en los primeros años de la década de 1830 -1840. Losada durante este tiempo progresa en su trabajo y logra ser oficial de relojería, cosa que no debió de resultarle fácil ya que a pesar e sus conocimientos existía la dificultad del idioma. Parece que con piezas de desecho logró construir algún reloj que dejo sorprendido a su jefe, que le fue encomendando faenas cada vez mas complejas y que al superarlas le cambió el puesto de limpiador de la tienda a oficial de relojería. Después de algunos años demostrando su valía, enferma el dueño de la tienda y se confía a Losada la dirección de la misma. 
Al fallecimiento del propietario, consecuencia de la enfermedad contraída, sigue al frente de la empresa  y en 1838 se casa con  la viuda, Hamilton Ana Sinclair, de 51 años, 10 más que él.


LA DÉCADA  1840 - 1850

Losada se labró un inmenso prestigio, apareciendo su nombre como constructor de relojes en las más acreditadas guías profesionales. En este tiempo su negocio ha crecido enormemente y produce relojes para toda Europa y especialmente para América Latina. Se ha ido trasladando en la ciudad de Londres de norte a sur: número 20 de Woburn Buildings en Tavistock Square (1841); Regent Street, 108 y Regent Street ,105, empazamiento, este último ya definitivo.






En esta época tuvo el respaldo de la más selecta clientela europea. En España Fernando VII ha muerto en 1833, ha sido proclamada Reina Isabel II con la regencia de la Reina viuda María Cristina. La Casa Real española le encargó varios trabajos: para Isabel II, un precioso reloj saboneta -modelo de reloj de bolsillo originario de Savona, Italia, con dos o tres tapas- en oro esmaltado en azul, y varios para el rey consorte Francisco de Asís y para algunas de las Infantas. El general Narváez, presidente del Consejo de Ministros, también poseyó uno de sus sabonetas.


DESPUES DE 1850

En estos años  su principal cliente fue la Marina española. No se olvide que los relojes son, ante todo, aparatos de precisión y en la época eran fundamentales para una correcta navegación. Un error de un segundo en un cronómetro naval suponía una desviación en la longitud geográfica, la que se refiere al ecuador, de 463 metros. Lo mismo, ocurría con los barómetros. En el siglo XVIII, los buques españoles, insuficientemente dotados de barómetros, no podían predecir las tormentas y esquivarlas, siendo ésta la causa de multitud de naufragios en el Caribe, lo que no les ocurría a los británicos.
De ahí que la Marina recurriera a Losada, uno de los mejores relojeros de la época y el único que era español, para que le proporcionara todo tipo de relojes. En el Observatorio Naval de San Fernando, en Cádiz, se guardan algunas de las piezas maestras de Losada, junto con el grueso de la documentación que ha sobrevivido sobre él, como contratos y cartas. También el Museo Naval de Madrid conserva valiosas obras suyas. Losada empezó a trabajar para la Marina en 1857, después de que ésta hubiera dejado de comprar sus cronómetros a French Hermanos de Londres y tras haberle ganado el ánimo designándole Relojero Cronometrista de la Marina Militar, en 1856. Una de las primeras obras para la Marina es el reloj astronómico, conocido como el n° 2.137 de su producción, que tardó ocho años en realizar. 
Fue, como el reloj de la Puerta del Sol, un regalo a su país.

Esta relación especial con la Marina se mantuvo durante años, en los que llegó a entregar unos 70 cronómetros, y en los cuales Losada fue perfeccionando sus obras e introduciendo nuevos hallazgos e invenciones, hasta que a raíz de una grave enfermedad, contraída en 1865, empezó a decaer su capacidad de trabajo, al mismo tiempo que lo hacían las necesidades de la Marina. El último encargo, un reloj de bolsillo, no procedía de la Marina, sino de los cuerpos de la Armada para regalárselo al almirante Casto Méndez Núñez por la batalla de El Callao. Este reloj es una de sus obras mas sobresalientes, y se guarda en el Museo Naval de Madrid. Es una saboneta con las tapas realizadas en piedra verde sanguínea, que lleva las iniciales de Casto Méndez Núñez en la tapa anterior, hechas con diamantes. En la tapa posterior, figuran dos anclas cruzadas y una corona real encima, formadas por diamantes y rubíes. El reloj posee una cadena de oro con adornos en piedra sanguínea con incrustaciones de diamantes y rubíes, con motivos de tipo naval, como una boya, una brújula y una trompeta de mando.

Losada muere en Londres el 6 de marzo de 1870. Había hecho testamento en Cádiz el 3 de abril de 1868.



viernes, 1 de abril de 2016

25.- EL RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL. LUIS ALONSO LUENGO

                                                  
Foto Diario de León
Escritor, historiador y jurista español, Luis Alonso Luengo fue magistrado del Tribunal Supremo y también miembro de la Real Academia de la Historia. Fue muy destacada su labor como cronista de la comarca maragata y también del antiguo Reino de León, siendo autor de numerosos ensayos sobre Astorga.
                                                 
La obra que dedica a Losada fue un encargo de la Comunidad de Madrid, se publica en 1990 y en su presentación el Consejero de Cultura D. Ramón Espinar Gallego, creo que liándose un poco dice:
"Si trazamos una semejanza entre el sol y el reloj, y lo trasladamos al proyecto concreto del Relojero Losada, podemos afirmar: el reloj, que es sol, se encuentra en el centro de una plaza llamada "Puerta del Sol". A su vez, esta plaza, es centro geográfico de España. Así mismo, España será también en 1992, el centro de atención del mundo, debido a los grandes acontecimientos que se avecinan. Por eso, el Relojero Losada, un personaje del siglo XIX, siglo de grandes descubrimientos, resume la esperanza del hombre en progreso".

El Consejero en otro párrafo advierte "que esta obra pretende reflexionar sobre el tiempo, ese siglo XIX de los grandes descubrimientos y que sirva para este fin el esfuerzo del autor al realizar la amena y documentada biografía del constructor de un reloj, que desde 1866 da la hora a todos los españoles". Creemos que es más amena que documentada.
Después refiriéndose al reloj de la Puerta del sol:  "el cual más que su valor histórico-artístico o técnico posee un especial significado sentimental para los madrileños". 
Este último párrafo se lo podía haber ahorrado ya que José Rodríguez de Losada era el relojero de ese momento, el mejor del mundo  y sus más de 6000 piezas fabricadas, todavía lo siguen demostrando por su conservación y valor en las subastas.
En el siglo XIX los relojeros suizos y británicos se dedicaban a falsificar los relojes que un español hacía en Londres y a distribuirlos en el mercado español, de igual manera que ahora se falsifican y comercializan las mas prestigiosas marcas de relojes en el Chinatown neoyorquino. Se trataba de José Rodríguez Losada, autor del conocido reloj de torre de la Puerta del Sol madrileña.
Juan Ignacio Samperio Iturralde recuerda en este número la biografía y trayectoria de Losada, un militar que huyó de España por sus ideas liberales y se estableció en Londres, donde se convirtió en uno de los mejores relojeros del siglo XIX.

http://campaners.com/php/textos.php?text=3565

En cuanto a Alonso Luengo, novela la historia de Losada partiendo de algunos datos que José Zorrilla plasma en sus obras Recuerdos del Tiempo Viejo y Una Repetición de losada. Ya hemos visto lo que Zorrilla dice y Luengo  en este caso se ciñe bastante a estos datos. Donde ya se inventa la historia es en lo referente a los datos que según él aporta D. Matías. Luengo afirma que D. Matías acompaña a José a Iruela en un viaje que hace a España y en el que aprovecha para visitar su pueblo. Pero lo que D. Matías publica en su libro, también lo hemos visto, y en ningún caso reconoce que lo acompañe o que siquiera lo haya conocido. Es más cuando escribe, ya no vive Losada, había muerto 39 años antes y su relojería la regentan sus sobrinos: “la mejor relojería y la más relacionada con América, ha sido durante muchos años la de Losada (Regent Stret 105) donde aun se conserva acreditada por sus sobrinos los Sres. Riego y Losada”.


En ningún caso pretendo quitar el mérito que tiene Luengo por toda su obra y también por esta,  ya que fue el primero en preocuparse por nuestro personaje. Es a partir de esta publicación cuando se empiezan a alzar voces pidiendo a la ciudad de Madrid una calle para el Relojero, y comenzaron a aparecer artículos ensalzando la figura de José Rodríguez de Losada.  

lunes, 21 de marzo de 2016

24.- AHORA TOCA A CONCHA ESPINA CON SU ESFINGE MARAGATA

Esta obra se publica en 1914 y dice más o menos lo mismo que D. Matías, hablan de oídas y desde luego la vida de José Rodríguez de Losada dio que hablar en la comarca. Desde luego era un hecho insólito que un muchacho de la Cabrera profunda llegara a ser el mejor relojero de Europa y dueño de una importante empresa instalada nada menos que en Londres y es que estamos hablando de mitades del siglo XIX. José había huido de su tierra , sin formación, sin dinero, sin amigos, sin nada...
Grande debió de ser el revuelo que se formó cuando ya rico y poderoso regresó a su pueblo, siendo admirado en muchos kilómetros alrededor de la zona, no era fácil en aquellos años para un joven sin recursos ni formación emigrar tan lejos y regresar acaudalado.






viernes, 4 de marzo de 2016

23.- MÁS AUTORES HABLANDO DE LOSADA. MATÍAS RODRÍGUEZ DÍEZ

MATÍAS RODRÍGUEZ DÍEZ, intelectual astorgano. maestro de instrucción primaria, ya había publicado en 1873  una primera edición de esta obra de 273 páginas y en 1909 ya sale la obra definitiva de casi mil páginas  HISTORIA DE LA MUY NOBLE, LEAL Y BENEMÉRITA CIUDAD DE ASTORGA
    
En esta obra habla de varios personajes de Astorga y alrededores que han triunfado en diferentes campos y así en la página 688 y siguientes dice:

En la misma capital de la Gran Bretaña, la mejor relojería y la más relacionada con América, ha sido durante muchos años la de Losada (Regent Stret 105) donde aun se conserva acreditada por sus sobrinos los Sres. Riego y Losada. El industrial que dio su nombre á este famoso establecimiento, nació en Iruela, pueblo de Cabrera, detrás del Teleno, y la odisea de sus aventuras es de las más curiosas. Siendo niño y cuidando, como pastor, un rebaño vacuno, tuvo la desgracia de que se le extraviase una ternera. Notada la falta, el pobre niño fué castigado y obligado á salir aquella misma noche en busca del animal, que después se averiguó que había sido devorado por los lobos. Viendo inútiles sus pesquisas por las ásperas sierras de la Cabrera y temeroso de otros malos tratamientos por una falta que en razón no se le podia imputar, se alejó hasta los pueblos inmediatos de la Sanabria, siguió fatigado, desamparado y triste por Castilla hasta tropezar al fin con algún protector anónimo que, utilizando sus aptitudes, le llevó á Extremadura.
Era aproximadamente por el año 1830, cuando fué complicado en uno de aquellos conatos revolucionarios de la época, por cuyo fracaso vióse en la necesidad de emigrar á Portugal. De Lisboa fué alejado á Inglaterra como emigrado político, y hallóse en la inmensa ciudad de Londres, ignorante del idioma, sin relaciones, paseando medio muerto de hambre las calles, y sufriendo toda clase de penalidades, hasta que logró colocarse en calidad de ínfimo sirviente ó barrendero en una relojería. En los momentos de la limpieza comenzó á fijarse en el mecanismo de los relojes, en las mesas, útiles y herramientas de los operarios; y luego, cuando éstos trabajaban, examinaba con la mayor atención sus actos y labores, llegando á adquirir de esta manera tales conocimientos que, cuando se hallaba solo en el taller, hacía por su cuenta algunas composturas de relojes, las cuales, notadas al fin por el jefe de la casa, dieron ocasión á éste para cambiarle su servil empleo por el de oficial. En este puesto hizo tan rápidos "progresos el Sr. Losada que bien pronto aventajó á sus demás compañeros de tareas, hasta llegar á ser el jefe de la relojería, por enfermedad del dueño. Muerto este, Losada, que se había hecho apreciable por todos conceptos, se casó con la viuda y desarrolló sus grandes aptitudes mecánicas y comerciales, elevando la relojería á tal altura que su reputación es todavía universal.
La famosa relojería de Losada fue en Londres el centro de los españoles y el refugio permanente de los emigrados de todos los partidos. Fue en mucho tiempo la tertulia del habla española, en la que también se reunían los emigrados de todas las repúblicas hispano americanas.
D. Juan Manuel de Rozas, que gobernó veintidós años en Buenos Aires; D. Ramón Cabrera, que tanta reputación tuvo entre los carlistas de España; D. Juan Prim, el bizarro general de la guerra marroquí y de la revolución española; el duque de Montpensier, que tanta influencia ejerció en la caída de los Borbones en 1868; D. José Zorrilla, el gran poeta, autor de una interesante composición titulada La Repetición dé Losada, en la que se contienen curiosas referencias sobre los visitantes de la relojería del hijo de Iruela, fueron, con otros ilustres militares, políticos y literatos, contertulios de nuestro paisano en la gran metrópoli de Inglaterra. El Sr. Losada no tuvo hijos. En su vejez sintió más que nunca la nostalgia y quiso visitar y proteger el pueblo de su nacimiento. Acostumbrado á las comodidades de la vida inglesa, sufrió graves molestias en su viaje por la falta de caminos carreteros para llegar al pueblo natal, teniendo que hacer la travesía á caballo. Por estas dificultades no volvió á visitar su inolvidable patria, ni pudo acaso favorecerla según su laudable propósito. Recuerdo de su patriotismo y de su visita es el magnífico reloj de gran muestra que en la Puerta del Sol, en Madrid, ostenta sobre su fachada principal el Ministerio de la Gobernación.

Aquí comienzan a atribuirse a Losada amistades importantísimas, amigos que además se autentifican con publicaciones de un autor anterior, en este caso del gran José Zorrilla. Sin negar que esto pueda ser cierto quiero hacer algunos apuntes sobre ello.
Zorrilla como ya hemos visto y vemos de nuevo en los versos que siguen no da nombres, habla de que Losada acoge a todo español que llegue a él y en esta época coinciden en Londres los personajes citados por Matías Rodríguez y muchos otros, las continuas revueltas políticas hacen que se cree el Comité de Ayuda a los Emigrantes, organización que socorre al mismo Losada a su llegada a Londres y que sin duda este agradecido y desde que su posición se lo permite, es miembro destacado del Comité y por lo tanto favorecedor de los que a él llegan.
Luis Alonso Luengo en su obra EL Reloj de la Puerta del Sol hace coincidir a Losada y a don Matías en Astorga y cita para ello la obra de la que aquí tratamos, sin embargo nada de esto se dice en ella. En ningún sitio afirma que coincidiera con Losada. Desde la muerte de Losada en 1870 a la publicación de don Matías en 1909 han pasado muchos años y las afirmaciones que este hace puede que sólo intente aumentar la importancia de los  personajes de  Astorga y  alrededores.


                                                      Ni pobre, ni desdichado,
                                                      Llegó jamas a su puerta
                                                      A quien no le fuera abierta

                                                      De su corazón a par;

                                                      Establecido entre Ingleses,

                                                      Jamás de española tierra

                                                      Llegó ninguno a Inglaterra

                                                      Que de él se pueda quejar.



                                                      Liberal por convicciones

                                                      Y por circunstancias luego,

                                                      Jamás ha atizado el fuego

                                                      De nuestra guerra civil;

                                                      Ni en su opinión ni en su vida

                                                      Hay nada que le avergüence:

                                                      Jamás su carácter vence

                                                      Temor ni codicia vil. 


                                                      Un español, sea carlista

                                                      O liberal, a él bien llega:

                                                      Pues Losada no reniega

                                                      De ser español jamás;

                                                      Y entiende por españoles

                                                      Y recibe como a hermanos,

                                                      A cuantos americanos

                                                      Lo fueron tiempos atrás.



                                                      Por cien remotos países,

                                                      Que jamás ha visitado,

                                                      Su reputación de honrado

                                                      Bien establecida está;

                                                      Y en su sencillez modesta

                                                     Tiene él solo mas amigos,

                                                     Que envidiosos y enemigos

                                                     El poder a muchos da.






viernes, 5 de febrero de 2016

22.- REFLEXIONES POR ESCRITO

Hace algunos años intenté localizar esta obra que acabo de ofreceros y solamente se podía acceder a ella en una biblioteca de la Habana y en otra biblioteca de Estados Unidos. Gracias a Internet ahora todos podemos conocer estos versos que Zorrilla dedicó a Losada. Y aunque la producción de Zorrilla fue muy extensa, grande debió de ser la amistad entre ambos para que le dedicara este bonito y fantástico cuento, la personalidad, la hombría, el saber estar, la bondad de Losada, debió de calar hondo en el poeta.

Y continuando en esta reflexión será mucho pedir que alguna institución pública o privada, asociación o grupo de amigos se preocupara de editar esta obra, sería un bonito homenaje a los dos: a José Zorrilla cuya obra "Una repetición de Losada" nunca se publicó en España y a Losada que aunque como dice la obra es un cuento fantástico habla mucho de la vida y obra del relojero de Iruela.

Imagen relacionada
Roberto Moreno con un reloj de Losada

Es el mayor coleccionista de piezas fabricadas por Losada, es el hombre que más sabe de la obra del relojero y el que ha realizado una investigación completísima sobre su producción en el libro "José Rodríguez de Losada Vida y Obra".

De este libro sacamos los siguientes párrafos:


...se trata de la obra de uno «los paisanos más ilustres de la España del siglo XIX...
La máquina de vapor fue entonces muy importante, pero que nuestros barcos supieran su situación era importantísimo y lo conseguían gracias al cronómetro marino, toda la Armada Española llevaba sus cronómetros.
... llegó a ser un cronometrista y relojero de prestigio en la capital británica, así como reconocido en España no hay duda. Despachó un total de 6.200 relojes de los que existe constancia,  con la famosa firma de J. R. Losada. Londres. «No sólo suministró cronómetros a la Marina Española, hay un cronómetro suyo en el Observatorio de Greenwich», indica Moreno quien no considera descabellado que Losada llegara a intervenir en la última fase de la construcción del Big Ben, como se conoce al reloj instalado en la torre de Westminster en Londres en honor a Benjamin Hall, político que promovió la reconstrucción del parlamento tras el incendio que sufrió en 1834.

Sirvan estos textos para valorar de nuevo a José Rodríguez de Losada, personaje que desde una humilde aldea de la Cabrera leonesa llegó a las más altas esferas industriales del siglo XIX.
Mi apuesta pues sería que el ayuntamiento de Madrid concretara ya esa calle prometida a Losada y que se publicara "Una repetición de Losada" de José Zorrilla. Después de 150 años de la donación del reloj de la Puerta del Sol ya toca.

¡Unámonos con Losada! 

¡El ayuntamiento de Madrid tiene pagar una deuda histórica con el famoso relojero!

jueves, 4 de febrero de 2016

21.- ZORRILLA Y LOSADA. UNA REPETICIÓN DE LOSADA.CAPÍTULO SEXTO III Y CONCLUSIÓN

CAPÍTULO SEXTO III.


Don Luis sin duda morirá demente
Si Dios no lo remedia:
Contra su mal la ciencia francamente
Se declaró impotente,
Por lo cual felizmente no le asedia
La docta facultad con sus ponzoñas,
Ni le atacan su mal por esos medios
Que entre las gentes sandias o bisoñas
Pueden solo pasar como remedios.
Más que loco Don Luis está alelado:
Cuando perdió el sentido
Fué, como un hombre por el rayo herido,
De facultad intelectual privado:
Dios no envió a su cerebro la locura
Sino que apagó en él la inteligencia.
Don Luis no tiene ni pesar ni goce:
Todo con la mayor indiferencia
Lo vé: nada recuerda, ni conoce
A nadie: ni repugna, ni apetece:
Llámanle y vá: le mandan, y obedece.

Las casas de dementes de Inglaterra
No ofrecen espectáculos de duelo,
De tormento y horror no son mansiones,
Nada en ellas repugna, nada aterra:
Castigo no se da sino consuelo
Al infeliz que cae en sus regiones.
Bedlam es un magnífico paseo,
Cuyas verdes y añosas alamedas
Conducen a una quinta de recreo
Cercada de jardines y arboledas.
Al que encierran allí falto de juicio,
En lugar de querérsele a porrazos
Volver y a latigazos,
Le inclinan la atención hacia un oficio:
Y en vez de dominarle por un pánico
Terror, van con destreza y artificio
Obligándole a entrar en ejercicio
De algún trabajo corporal, mecánico,
De su cuerpo y su alma en beneficio.
Después que le acostumbran y habilitan
Siempre en acción para tener las manos,
La memoria y las fuerzas le ejercitan:
Le dan buen aire y alimentos sanos,
Sus manías le tuercen o le quitan
Con paciencia y constancia, y poco a poco
De la razón la vuelta facilitan
Ideas dando a su cerebro loco.
Y aciertan los Ingleses: nada tiene
Al hombre, cuerdo o loco, más contento
Que tener ocupado el pensamiento;
La ocupación asidua es ley de higiene;
Sus locos están, pues, entretenidos
Y con cosas alegres distraídos.
Bedlam tiene de locos una orquesta
Que en fiestas y saraos públicos tañe
Pero cuestión o relación es esta
De la que a los filántropos atañe
Disertar; mi misión es mas modesta,
No raya tan allá mi poesía;
Si entretiene no más, si no es molesta,
Por satisfecha asaz se da la mía;
Y como esta lectura a su fin toca,
Fuera extenderla más torpeza loca.

Era una tarde de Diciembre helada:
Había dado ya las seis y media
De Bedlam el reló, cuando Losada
Con el Doctor John Lees hizo su entrada
En el salón extenso, que promedia
Un ala del espléndido edificio
De la locura alzado en beneficio.
Allí los que no pone su demencia
Fuera de estado de guardar decoro,
De los que les dirigen en presencia
Fuerzan a la atención su inteligencia;
En tanto que el estrépito sonoro
De la orquesta en su afán les acompaña,
Y atrae su distracción si no la engaña.
Y es curioso de ver como en tan grave
Reunión cada cual cumple su oficio,
Cuando a ninguno de ellos en el juicio
De lo que haciendo está razón le cabe.

Don Luis, cuya manía
No ha podido fijarse todavía
Y que nada exterior comprender sabe,
Es dueño de andar libre y de ir ocioso
Por donde más le place noche y día,
Para ver si de hastiado o de curioso
En algo con placer su atención fija,
Y si algo encuentra en que ocuparse elija,
O halla de los doctores la destreza
En una inclinación una rendija
Por donde entre la luz en su cabeza.
Cuando Losada entró, Don Luis estaba
Vueltas de dar por el salón cansado,
En un rincón sentado,
Mirando sin saber lo que miraba,
Contemplándolo todo indiferente,
De cuanto tiene en torno enajenado
Y mirando, sin ver, maquinalmente.
A su lado se puso
Losada a contemplarle enternecido:
Él, en su mudo arrobamiento iluso,
No dio señal de haberle conocido
Y en su honda estupidez siguió sumido.
El doctor puso de Don Luis delante
Un velador: Losada de debajo
De su gabán su caja, cuyo efecto
Para probar sobre el demente trajo,
Sacó y la puso ante él; de luz brillante
La inundó con el gas porque la viese:
Se la abrió poco a poco, circunspecto
La impresión precaviendo que pudiese
Hacerle el ver a Luz y que el afecto
Del corazón tal vista removiese.
Don Luis continuó inmóvil: ni de aspecto
Cambió viendo de Luz la miniatura,
Ni mostró conocer de su semblante
La representación en la pintura;
Miró aquellos objetos distraído
Y sin fijarse en ellos y fue todo
Con él inútil: su mirada errante
No se pudo atraer: no había modo
De fijar su atención un solo instante.
Un minuto faltaba solamente
Para las siete ya: Lees, prevenido
Habiendo al director, dio de repente
La señal en que habían convenido,
Y cesó de repente todo ruido
Y en torno de ellos se agolpó la gente.
Lees se sentó junto a Don Luis: Losada
Permaneció de pie, de ambos en frente,
Teniendo ante él la caja colocada
Del velador encima y de manera
Que todo el mundo con Don Luis la viera:
Y en esta situación, viendo excitada
La universal curiosidad, ansioso
Esperó a que las siete el reló diera.
Saltó la balancilla de reposo
Del muelle retentor: la hora entera
Dio la repetición: doblaron broncas
Las campanas a muerto: oyóse el coro
Que con las trompas de sus bajos roncas
Guía en sordina el órgano insonoro:
Corrió la muerte su crespón de luto
Sobre el rostro de Luz, y su esqueleto
En su lugar quedó: todo sin fruto:
Ante todo Don Luis se estuvo quieto.
Mas al oír el lúgubre gemido
De Luz, asió la caja de repente
Y diciéndole en cólera encendido:
“¡Miserable juglar, tú la mataste!
“Muere, pues, por la voz que la robaste!”
A Losada cogió desprevenido,
Y con la caja le asestó derecho,
Con las hercúleas fuerzas de un demente,
Golpe mortal en la mitad del pecho.
Cayó hacia atrás Losada: y con la frente
Bañada de sudor, abrió los ojos,
Miró en redor y se encontró en su lecho.
¡Del sueño cuanto vio fueron antojos!

Conclusión.

Y este afanoso sueño rechazando,
Dijo un día Losada despertando:

“¡Válgame Dios! ¡qué historia tan horrenda!
“¡Gracias que no fue más que pesadilla!
“Mas tengo de contársela a Zorrilla
“Para que de ella escriba una leyenda.”

Y Zorrilla, en memoria de Losada,
La leyenda escribió por él soñada.