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viernes, 1 de abril de 2016

25.- EL RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL. LUIS ALONSO LUENGO

                                                  
Foto Diario de León
Escritor, historiador y jurista español, Luis Alonso Luengo fue magistrado del Tribunal Supremo y también miembro de la Real Academia de la Historia. Fue muy destacada su labor como cronista de la comarca maragata y también del antiguo Reino de León, siendo autor de numerosos ensayos sobre Astorga.
                                                 
La obra que dedica a Losada fue un encargo de la Comunidad de Madrid, se publica en 1990 y en su presentación el Consejero de Cultura D. Ramón Espinar Gallego, creo que liándose un poco dice:
"Si trazamos una semejanza entre el sol y el reloj, y lo trasladamos al proyecto concreto del Relojero Losada, podemos afirmar: el reloj, que es sol, se encuentra en el centro de una plaza llamada "Puerta del Sol". A su vez, esta plaza, es centro geográfico de España. Así mismo, España será también en 1992, el centro de atención del mundo, debido a los grandes acontecimientos que se avecinan. Por eso, el Relojero Losada, un personaje del siglo XIX, siglo de grandes descubrimientos, resume la esperanza del hombre en progreso".

El Consejero en otro párrafo advierte "que esta obra pretende reflexionar sobre el tiempo, ese siglo XIX de los grandes descubrimientos y que sirva para este fin el esfuerzo del autor al realizar la amena y documentada biografía del constructor de un reloj, que desde 1866 da la hora a todos los españoles". Creemos que es más amena que documentada.
Después refiriéndose al reloj de la Puerta del sol:  "el cual más que su valor histórico-artístico o técnico posee un especial significado sentimental para los madrileños". 
Este último párrafo se lo podía haber ahorrado ya que José Rodríguez de Losada era el relojero de ese momento, el mejor del mundo  y sus más de 6000 piezas fabricadas, todavía lo siguen demostrando por su conservación y valor en las subastas.
En el siglo XIX los relojeros suizos y británicos se dedicaban a falsificar los relojes que un español hacía en Londres y a distribuirlos en el mercado español, de igual manera que ahora se falsifican y comercializan las mas prestigiosas marcas de relojes en el Chinatown neoyorquino. Se trataba de José Rodríguez Losada, autor del conocido reloj de torre de la Puerta del Sol madrileña.
Juan Ignacio Samperio Iturralde recuerda en este número la biografía y trayectoria de Losada, un militar que huyó de España por sus ideas liberales y se estableció en Londres, donde se convirtió en uno de los mejores relojeros del siglo XIX.

http://campaners.com/php/textos.php?text=3565

En cuanto a Alonso Luengo, novela la historia de Losada partiendo de algunos datos que José Zorrilla plasma en sus obras Recuerdos del Tiempo Viejo y Una Repetición de losada. Ya hemos visto lo que Zorrilla dice y Luengo  en este caso se ciñe bastante a estos datos. Donde ya se inventa la historia es en lo referente a los datos que según él aporta D. Matías. Luengo afirma que D. Matías acompaña a José a Iruela en un viaje que hace a España y en el que aprovecha para visitar su pueblo. Pero lo que D. Matías publica en su libro, también lo hemos visto, y en ningún caso reconoce que lo acompañe o que siquiera lo haya conocido. Es más cuando escribe, ya no vive Losada, había muerto 39 años antes y su relojería la regentan sus sobrinos: “la mejor relojería y la más relacionada con América, ha sido durante muchos años la de Losada (Regent Stret 105) donde aun se conserva acreditada por sus sobrinos los Sres. Riego y Losada”.


En ningún caso pretendo quitar el mérito que tiene Luengo por toda su obra y también por esta,  ya que fue el primero en preocuparse por nuestro personaje. Es a partir de esta publicación cuando se empiezan a alzar voces pidiendo a la ciudad de Madrid una calle para el Relojero, y comenzaron a aparecer artículos ensalzando la figura de José Rodríguez de Losada.  

viernes, 4 de marzo de 2016

23.- MÁS AUTORES HABLANDO DE LOSADA. MATÍAS RODRÍGUEZ DÍEZ

MATÍAS RODRÍGUEZ DÍEZ, intelectual astorgano. maestro de instrucción primaria, ya había publicado en 1873  una primera edición de esta obra de 273 páginas y en 1909 ya sale la obra definitiva de casi mil páginas  HISTORIA DE LA MUY NOBLE, LEAL Y BENEMÉRITA CIUDAD DE ASTORGA
    
En esta obra habla de varios personajes de Astorga y alrededores que han triunfado en diferentes campos y así en la página 688 y siguientes dice:

En la misma capital de la Gran Bretaña, la mejor relojería y la más relacionada con América, ha sido durante muchos años la de Losada (Regent Stret 105) donde aun se conserva acreditada por sus sobrinos los Sres. Riego y Losada. El industrial que dio su nombre á este famoso establecimiento, nació en Iruela, pueblo de Cabrera, detrás del Teleno, y la odisea de sus aventuras es de las más curiosas. Siendo niño y cuidando, como pastor, un rebaño vacuno, tuvo la desgracia de que se le extraviase una ternera. Notada la falta, el pobre niño fué castigado y obligado á salir aquella misma noche en busca del animal, que después se averiguó que había sido devorado por los lobos. Viendo inútiles sus pesquisas por las ásperas sierras de la Cabrera y temeroso de otros malos tratamientos por una falta que en razón no se le podia imputar, se alejó hasta los pueblos inmediatos de la Sanabria, siguió fatigado, desamparado y triste por Castilla hasta tropezar al fin con algún protector anónimo que, utilizando sus aptitudes, le llevó á Extremadura.
Era aproximadamente por el año 1830, cuando fué complicado en uno de aquellos conatos revolucionarios de la época, por cuyo fracaso vióse en la necesidad de emigrar á Portugal. De Lisboa fué alejado á Inglaterra como emigrado político, y hallóse en la inmensa ciudad de Londres, ignorante del idioma, sin relaciones, paseando medio muerto de hambre las calles, y sufriendo toda clase de penalidades, hasta que logró colocarse en calidad de ínfimo sirviente ó barrendero en una relojería. En los momentos de la limpieza comenzó á fijarse en el mecanismo de los relojes, en las mesas, útiles y herramientas de los operarios; y luego, cuando éstos trabajaban, examinaba con la mayor atención sus actos y labores, llegando á adquirir de esta manera tales conocimientos que, cuando se hallaba solo en el taller, hacía por su cuenta algunas composturas de relojes, las cuales, notadas al fin por el jefe de la casa, dieron ocasión á éste para cambiarle su servil empleo por el de oficial. En este puesto hizo tan rápidos "progresos el Sr. Losada que bien pronto aventajó á sus demás compañeros de tareas, hasta llegar á ser el jefe de la relojería, por enfermedad del dueño. Muerto este, Losada, que se había hecho apreciable por todos conceptos, se casó con la viuda y desarrolló sus grandes aptitudes mecánicas y comerciales, elevando la relojería á tal altura que su reputación es todavía universal.
La famosa relojería de Losada fue en Londres el centro de los españoles y el refugio permanente de los emigrados de todos los partidos. Fue en mucho tiempo la tertulia del habla española, en la que también se reunían los emigrados de todas las repúblicas hispano americanas.
D. Juan Manuel de Rozas, que gobernó veintidós años en Buenos Aires; D. Ramón Cabrera, que tanta reputación tuvo entre los carlistas de España; D. Juan Prim, el bizarro general de la guerra marroquí y de la revolución española; el duque de Montpensier, que tanta influencia ejerció en la caída de los Borbones en 1868; D. José Zorrilla, el gran poeta, autor de una interesante composición titulada La Repetición dé Losada, en la que se contienen curiosas referencias sobre los visitantes de la relojería del hijo de Iruela, fueron, con otros ilustres militares, políticos y literatos, contertulios de nuestro paisano en la gran metrópoli de Inglaterra. El Sr. Losada no tuvo hijos. En su vejez sintió más que nunca la nostalgia y quiso visitar y proteger el pueblo de su nacimiento. Acostumbrado á las comodidades de la vida inglesa, sufrió graves molestias en su viaje por la falta de caminos carreteros para llegar al pueblo natal, teniendo que hacer la travesía á caballo. Por estas dificultades no volvió á visitar su inolvidable patria, ni pudo acaso favorecerla según su laudable propósito. Recuerdo de su patriotismo y de su visita es el magnífico reloj de gran muestra que en la Puerta del Sol, en Madrid, ostenta sobre su fachada principal el Ministerio de la Gobernación.

Aquí comienzan a atribuirse a Losada amistades importantísimas, amigos que además se autentifican con publicaciones de un autor anterior, en este caso del gran José Zorrilla. Sin negar que esto pueda ser cierto quiero hacer algunos apuntes sobre ello.
Zorrilla como ya hemos visto y vemos de nuevo en los versos que siguen no da nombres, habla de que Losada acoge a todo español que llegue a él y en esta época coinciden en Londres los personajes citados por Matías Rodríguez y muchos otros, las continuas revueltas políticas hacen que se cree el Comité de Ayuda a los Emigrantes, organización que socorre al mismo Losada a su llegada a Londres y que sin duda este agradecido y desde que su posición se lo permite, es miembro destacado del Comité y por lo tanto favorecedor de los que a él llegan.
Luis Alonso Luengo en su obra EL Reloj de la Puerta del Sol hace coincidir a Losada y a don Matías en Astorga y cita para ello la obra de la que aquí tratamos, sin embargo nada de esto se dice en ella. En ningún sitio afirma que coincidiera con Losada. Desde la muerte de Losada en 1870 a la publicación de don Matías en 1909 han pasado muchos años y las afirmaciones que este hace puede que sólo intente aumentar la importancia de los  personajes de  Astorga y  alrededores.


                                                      Ni pobre, ni desdichado,
                                                      Llegó jamas a su puerta
                                                      A quien no le fuera abierta

                                                      De su corazón a par;

                                                      Establecido entre Ingleses,

                                                      Jamás de española tierra

                                                      Llegó ninguno a Inglaterra

                                                      Que de él se pueda quejar.



                                                      Liberal por convicciones

                                                      Y por circunstancias luego,

                                                      Jamás ha atizado el fuego

                                                      De nuestra guerra civil;

                                                      Ni en su opinión ni en su vida

                                                      Hay nada que le avergüence:

                                                      Jamás su carácter vence

                                                      Temor ni codicia vil. 


                                                      Un español, sea carlista

                                                      O liberal, a él bien llega:

                                                      Pues Losada no reniega

                                                      De ser español jamás;

                                                      Y entiende por españoles

                                                      Y recibe como a hermanos,

                                                      A cuantos americanos

                                                      Lo fueron tiempos atrás.



                                                      Por cien remotos países,

                                                      Que jamás ha visitado,

                                                      Su reputación de honrado

                                                      Bien establecida está;

                                                      Y en su sencillez modesta

                                                     Tiene él solo mas amigos,

                                                     Que envidiosos y enemigos

                                                     El poder a muchos da.